Estoy en el meridiano, pero no en el de Greenwich, ni siquiera en el bar de Lakua, sino en el meridiano de mi Semana Santa (al menos la laboral). Tres días llevo ya y otros tres me quedan de tirarme ocho horitas arreglando las cosas que otros rompen. Ocho horas que dan para pensar en muchas cosas y es de eso de lo que voy a hablar.
Por un lado, y dado que estamos con todo el lío de la boda, muchos de mis pensamientos tiran para ese lado. Como haremos algunas cosas, que gente invitaremos y cuales se caerán de la lista (como si esto fuese un festival de música o algo), el traje, los detalles, los votos… los votos, he estado pensando en ello. No se yo si en una ceremonia como la que vamos a tener hará falta leer los votos, bueno, lo haremos si queremos claro, que ya nos dijo el alcalde que haría lo que nosotros quisiéramos. Pero es que a mi eso de los votos, como que no me va mucho, me explico. Los votos son prometer a la persona con la que te casas que la vas a querer siempre y que estarás siempre a su lado, ¿no? Si es que no entonces estoy equivocado y lo siguiente no tiene sentido, pero si es que si, yo me pregunto como voy a prometer algo sobre lo que no tenemos control, quiero decir, quizás el día de mañana alguno de los dos acabe enamorándose de otra persona, o puede que la relación acabe muriendo. Si, ya se que es ponerse en el peor de los casos y que si pienso así para que coño me caso, pero joder, hay que ser realistas, y ya que vas a prometer algo, por lo menos que lo puedas cumplir, ¿no? Yo lo he pensado, y creo que mi promesa no seria amor eterno, sino que prometería hacer todo lo que estuviese en mi mano para hacerla feliz, y ser feliz yo también. Prometería hablar con ella, escucharla, saber lo que piensa y que ella supiese lo que yo pienso, pasar con ella todo el tiempo que me fuera posible y no irme a dormir sin darle un beso de buenas noches. No se, pero estas me parecen promesas mas importantes (y realistas) que el amor eterno, mas cuando (lo siento peque, pero ya sabes lo que pienso) este no existe.
También he pensado en los hijos. Es normal, voy a pasar de los treinta y aquí mi señora (yo veía las pelis de Paco Martínez Soria, que pasa) le falta poco para llegar. Estamos en una edad más que normal para plantearse el tema. Pero es que ella no se lo ha planteado. H quiere hijos, punto. Y, la verdad, es que yo tampoco me lo he planteado mucho, porque en un principio era una opción aceptable, pasó a ser algo lógico en el transcurso de la relación y ahora, cada vez que veo a mujeres embarazadas o a padres con carrito, pues para que lo voy a negar, se me cae la baba.
No, no estoy tirando piedras sobre mi tejado entre lo que he puesto antes y ahora, mas que nada porque no escribiría aquí nada tan serio sin tener las cosas bien habladas con mi señora (Paco forever).
No se, antes me daban envidia mis compis de clase porque tenían la master system o porque se habían comprado la pesepe, mis amigos cuando se iban de vacaciones al quinto pino, o alguien con un coche molón. Pero ahora no, ahora no me dan envidia mis compis de clase porque se van de fiesta desde el jueves, ni los del curro con su Mazda zoom zoom, ahora veo a los de mi cuadrilla empujando un carro y, que queréis que os diga, yo quiero uno de esos. Aunque es posible que me arrepienta en la primera noche, porque mi paciencia es algo que me debí dejar en paritorio, vamos, que no la tengo, y cuando un gato nos ha dado la noche yo lo he pasado mal pero H peor y no por culpa del gato. Pero está ahí, no puedo evitarlo. Será mi reloj biológico que está dando la alarma o algo.
Como podéis ver, ocho horas solo, con unos cascos antirruido para amortiguar las ostias que meten los energúmenos con las bolas, dan para pensar en mucho. Y os podría contar mas cosas, pero creo que lo dejaré para otro día.